Identidad de género, sexualidad y autismo

Hablo desde mi propia experiencia, como persona autista, pansexual y no binarie. Me di cuenta de que era diferente a los 8 años y no tardé mucho en saber que experimentaba las cosas de manera distinta, mucho más intensa y siempre surgían más preguntas que respuestas. No encajaba en ningún sitio, aunque he de decir que eso no me molestaba mucho. Siempre he sido muy independiente y he ido un poco a mi bola. Así soy feliz. Tanto mi autismo como mi identidad de género son partes intrínsecas de mi persona y considero imprescindible explorar los dos aspectos juntos. En mi caso, van de la mano y no se pueden aislar.

El género es una construcción social, lo cual presenta sus complejidades desde momento uno, como persona autista. Nunca he entendido como se puede asociar colores o ropa al género, por qué se supone que según el género hay que actuar de cierta manera y nunca me he identificado del todo con lo que la sociedad consideraría ser ‘mujer’ o ser ‘hombre’. De peque a veces me identificaba como niña y a veces como niño y tuve la suerte de que mis padres me dejaban mucha libertad y podía vivir como quisiera. Ahora de adulto, a veces me identifico con los dos y a veces con ninguno. Como autista, veo todo en blanco o negro, pero mi identidad de género es de las pocas cosas a las que no pongo límites, no hay restricciones y tampoco hay casillas. Siempre ha sido un misterio, pero tampoco he hecho mucho esfuerzo para entenderlo. Simplemente vivo como quiera o como necesite, lo más natural posible. Poder vivir así me hace inmensamente feliz. Eso sí, experimento bastante disforia a diario y sé que nací en el cuerpo equivocado. A veces siento que mi cuerpo pertenece a otra persona. A veces lo aguanto, a veces me gusta y a veces lo odio. Es algo muy complicado de expresar, pero es una sensación de angustia, de estar atrapade. Mi falta de necesidad de seguir las normas sociales también se aplica al género, algo que me da más libertad a la hora de expresar mi género de manera auténtica y esa libertad ayuda con mi disforia. Lo que ves es lo que hay. No me siento obligade, de ninguna manera, a adaptarme al género que percibe la gente según mi apariencia. Pero eso no quiere decir que no lo he hecho.

El masking (enmascaramiento) es mi especialidad. Ojalá no fuese el caso, ya que soy muy consciente de cómo afecta mi salud mental y bienestar en general, pero aquí estamos. Poco a poco estoy aprendiendo a quitar la máscara, pero es un camino muy complejo. Hago lo que suelo llamar “masking de género”, también. En ciertos círculos no hablo abiertamente sobre mi género y tampoco corrijo a la gente cuando usan los pronombres incorrectos. Escribiendo esto me doy cuenta de que estoy saliendo del armario trans y habrá gente que me conoce en la vida real que igual llega a leer mis palabras. Por mucho que me duela, la combinación de masking (me da seguridad y supongo que se podría considerar una conducta de evitación) y mi falta de asertividad me complican mucho el proceso de empezar a ser mi misme en todos los sitios. Cuando me da por corregir a alguien la reacción suele dar la impresión de que se harta de ‘lo mío’, como si ser autista y pedir que use pronombres neutros fuese pedir mucho. Incluso me han llegado a decir que sólo busco atención. Atención es lo que menos quiero en el mundo. Me sobrecarga, me quema y me bloquea.

Desde el diagnóstico he sentido más libertad para expresarme y conocerme más a mi misme. Me ha quitado muchas sensaciones de culpabilidad y ha explicado muchísimo, vaya. Considero mi género como un espectro, igual que mi autismo, y me muevo de un lado para otro en un momento dado. Esa fluidez me da mucha libertad de expresión y me hace sentir como mi yo auténtico. Veo a mucha gente, sobre todo NT, adictos a hacer ‘lo que se hace’ o lo que la sociedad considera ‘adecuado’ o ‘apropiado’. Yo no vivo con las mismas restricciones ni límites y creo que es de lo que más me gusta de ser autista.

No me gusta etiquetar, pero encontrar un nombre para lo que experimento y algo que forma una parte importante de mi me ha ayudado mucho a entenderme. Igual que mi diagnóstico de autismo, me ha dado vida y ha contestado tantas preguntas a las que llevaba años dando vuelta tras vuelta. Si no fuese autista y no binarie, no sería yo y jamás querría ser de otra manera. Me parece un tema súper importante y ojalá se tratase más.

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