Zona de ‘confort’

Todes tenemos nuestra zona de confort y me he dado cuenta de que la mía se vuelve cada vez más pequeña. Curiosamente, me cuestan más los cambios pequeños y retos más ‘normales’ que cambios importantes. Llegar al supermercado y ver que han cambiado todo de sitio y tener que buscarme la vida me parece mucho más complicado que dejar mi vida en un país y mudarme a otro, sin trabajo, sin casa y sin conocer a nadie (lo que hice en 2017). Igual os suena muy extraño, pero suele ser así. Doy más importancia a cosas pequeñas y a veces les demás se enfadan conmigo por la poca importancia que doy a cosas que realmente se la merecen.

Siempre me he sentido totalmente fuera de lugar. Vaya donde vaya, haga lo que haga, no encajo. Me fui de mi país en 2017 porque esa sensación de disgusto en todos los aspectos de mi vida me abrumó y hasta mi zona de ‘confort’ me incomodaba mucho. Yo siempre pensaba que todo el mundo experimentaba lo mismo que yo, solo que no se les notaba y lo gestionaban muchísimo mejor. Me harté de comentarios tipo “no es para tanto”, “relájate”, “no es tan difícil” y cogí y me fui. ¿Cobarde? Pues, puede ser. Llegar a otro país sin familia, amigues, trabajo ni donde vivir me asustó muchísimo. Recuerdo la primera noche que pasé en el AirBnB. Me senté en el pie de la cama y lloré todas las lágrimas que había sido incapaz de llorar durante años. No sabía si eso era algo bueno o malo, pero hacía años que no sentía alivio. Pensaba que mi problema era el ambiente y las personas que me rodeaban. Estaba convencide de que un cambio de aires era la solución perfecta a todo. Como si despertarme en un sitio totalmente nuevo sería como un fénix al renacer de sus propias cenizas. Pues, definitivamente, no era el caso. Me extrañó, ya que la mayoría de mis compañeres de la carrera estaban de vuelta de pasar un año en Bali, Australia, Tailandia… preparades y motivades después de ‘encontrarse’.

Lo que me incomodaba y me hacía sentir totalmente alien no era la gente, ni los sitios que frecuentaba ni la universidad ni el trabajo. Por primera vez me di cuenta de que era yo. Yo era diferente y todo lo que sentía nacía de mi interior. Los factores externos igual me afectaban hasta cierto punto, pero la raíz estaba dentro de mi. El momento en el que me di cuenta de eso, me arrepentí haber hecho la maleta, cogido un vuelo y aterrizado en un sitio que, sinceramente, me parecía de otro planeta. Básicamente lo que hice fue mudarme, junto con todos mis problemas, miedos, preocupaciones y plantarme en otro sitio.

Para mi, la falta de zona de confort y la rigidez mental van de la mano. Soy muy perfeccionista y todo tiene que ser ‘así’. Todas mis pertenencias tienen su sitio y si alguien las toca, llega la tormenta. Me atrapa en mis rutinas, mi casa y las únicas personas con las que me siento bien son mi pareja y mi padre. Es como meterme en una caja que se hace cada vez más pequeña. Me ahoga, pero a la vez me da mucha seguridad. Es esa misma rigidez que me aísla y hace que las amistades sean casi imposibles. Relaciones y situaciones sociales están repletas de incertidumbre, cambios, expectativas y reglas que resultan imposibles seguir. Y ya sé que la gente no se adapta a mi. Si algo cambia, tendré que ser yo.

El reto más grande y que supuso destrozar esa caja llegó el día que decidí que necesitaba respuestas. Ir en búsqueda de una explicación, un motivo y una solución. Cuánto más leía, más sentido tenía todo. Empezar el proceso diagnóstico me alejó de todo lo que conocía y me puso en manos de personas en las que no confiaba (al principio). Desde entonces, he empezado a trabajar muchas de mis dificultades y poco a poco, voy creando una zona de confort más amplia. Mis metas ya son más pequeñas y se llega paso a paso, no con un salto. Me recuerda un poco al momento en el que se sacan las luces para poner en el árbol de navidad. Más o menos lo que tienes entre las manos es una bola de cables liadísimos y si tiras con ganas, la bola va a más. Hay que ir poco a poco. Nos frustra, agobia y parece una tarea sin fin, pero al final se consigue.

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