Un año siendo autista… oficialmente.

Esta semana mi diagnóstico cumple un año. Un año desde que empecé el camino que ha dado la vuelta a los últimos 27 años, y un año desde que comencé a aceptarme tal y como soy. Se acabó la búsqueda. Es cierto que ha habido momentos en los que ha generado más preguntas que respuestas, pero la respuesta nunca ha quedado muy lejos, ya que sé por dónde van los tiros y más o menos dónde buscar. Al principio fue un alivio, pero pronto se convirtió en una sensación de duelo extraño que hasta día de hoy, no sé muy bien expresar. Recorrí mi vida en detalle; las relaciones, miedos, dificultades, logros… desde el principio. Pero esta vez con otros ojos. Esta vez faltaba la sensación de culpabilidad que llevaba tantos años consumiéndome. Faltaba el odio que llenaba mi cuerpo entero – frustración, confusión, menosprecio, inferioridad, soledad y rechazo. Y desde luego faltaba la sensación de pérdida y desequilibrio. Me sentía como una hoja arrastrada por el viento y que por fin se aterriza en un sitio muy lejano y desconocido. Casi siempre acaba siendo pisada, como sea.

Al principio, ya que todo tenía un porqué, un motivo y un nombre, pensé ¿debería escribir una lista de todas las personas con las que he tenido algún conflicto o reacción ‘inadecuada’ ante una situación de estrés o agobio, para luego pedirles perdón? ¿debería intentar retomar las relaciones perdidas? Pues no. Yo siempre he volcado todas mis fuerzas, energía y ganas en las relaciones. Conmigo es todo o nada. Ahora que lo veo desde fuera, me doy cuenta de que son muy pocas las veces que la otra persona ha hecho el mismo esfuerzo conmigo. Junto con el diagnóstico llegó el momento en el que me di cuenta de lo difícil que me ha sido dejar entrar a otra persona en mi mundo. Mi cerebro es distinto, lo cual es algo que siempre he sospechado, y mi forma de comunicarme, interpretar el mundo y procesar la información también lo es, pero no es menos. Forma parte de mi y me siento muy orgullose de ello.

En general, les demás no me entienden, y yo a elles menos. Sin embargo, el diagnóstico me ha acercado a unas personas maravillosas que me entienden, incluso mejor que yo a veces. Es la primera vez que encajo en un sitio y la primera vez que en vez de pisar esa hoja, la han dejado volar. Eso es lo que estoy haciendo – volando. La sensación de libertad y alivio tan esperada tras el diagnóstico no ha sido nada instantáneo. Para llegar a donde estoy ahora he tenido que deshacerme de muchas cosas, entre ellas expectativas y prejuicios. Soy muy de agradar a la gente y me esfuerzo mucho para cumplir con las expectativas de les demás. Soy muy exigente conmigo misme, tanto que no es nada sano. Me machaco constantemente y me ahogo en mis propios pensamientos de ‘no soy suficiente’ o ‘nunca será perfecto’. Me he dado cuenta de que paso tanto tiempo comparándome con las personas que me rodean que no dejo tiempo para felicitarme, apreciarme ni cuidarme. Si no lo hago perfectamente, soy un fracaso total y si no lo hago igual que les demás, es incorrecto. Pues, ya veo que no es el caso, en absoluto. No es una comparación realista – me he acostumbrado tanto a ser diferente, siempre destaco y nunca encajo. Para mi ha sido como un estado constante de alerta – siempre presto atención a lo que hacen les demás, para luego imitarlo. Si veo que hago algo de forma distinta, o llaman la atención a algo que he hecho, lo cambio, para ser igual que elles. Me cansa muchísimo. Gasto la poca energía que me queda después de intentar ser igual que elles y me hace sentir inválide. Me da ganas de desaparecer.

Nunca seré igual que elles e intentar serlo me ha agotado y me ha quitado mi esencia, durante años. Me he perdido por el camino. Después de tanto tiempo intentando ser una persona que, definitivamente, no soy, ni me reconozco. Necesito escucharme y respetarme y necesito que les demás hagan lo mismo. Si me empujo al vacío intentando aprender cómo “debería ser”, nunca lo conseguiré. Y si los demás me empujan ‘para que aprenda’, pues menos. Tras darme cuenta, he empezado a vivir de otra manera. ¿Qué más da si soy diferente? Tengo unos gustos muy cuquis, soy creative, artiste, inteligente y curiose. He retomado los hobbies que había enterrado por ser diferentes o poco comunes y me ha llenado de energía y ganas de seguir siendo yo, pase lo que pase. No gano absolutamente nada en compararme con les demás. De hecho, pierdo… y mucho. Me he aceptado y me quiero por la persona que soy. Es cierto que tengo muchas dificultades y no encajo bien en muchos sitios, pero tengo muchas cualidades positivas y hay que buscar los sitios en los que encajo de maravilla, porque existen.

2 Comentarios

  1. He leido tu blog y ha sido como mirarme al espejo, sólo que yo no tengo diagnóstico.
    Te agradezco muchísimo que hayas compartido tu experiencia con el mundo porque el haber podido leer tu publicación me da energías para continuar. Gracias.

    Le gusta a 1 persona

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